Nuestro idioma es
riquísimo en significados (acepciones) de la gran mayoría de los verbos; es
decir, hay muchos sinónimos y maneras de expresar una idea. Sin embargo, por
‘moda’ o por falta de cuidado se usan palabras
cuyos significados no se ajustan al concepto que se quiere manifestar.
Al consultar en el
Diccionario de la RAE los verbos dar y regalar, se advierte que el verbo “dar”
tiene 53 acepciones mientras que el verbo “regalar” solo tiene 6; quiere decir
que el verbo ‘dar’ puede usarse con 47 significados más que el verbo regalar.
No obstante, en una cafetería o restaurante
escuchamos:
·
Regáleme un almuerzo del día.
·
Regáleme un jugo de naranja
·
Regáleme un tinto, por favor.
Y así con todos los productos que allí se
vendan (¿o se regalan?)
Pero la solicitud de “regalos” no termina ahí.
En cualquier oficina donde haya que realizar algún trámite se escucha:
·
Regáleme su nombre.
·
Regáleme su cédula.
·
Regáleme su celular
·
Regáleme su correo electrónico.
Al final el individuo sale como un NN porque
“regaló” todo lo que lo identifica.
Es más correcto decir en la cafetería: Sírvame
un tinto, por favor; tráigame un jugo de
naranja, por favor.
Y sería mucho más agradable y ajustado a la solicitud
escuchar: Señor: ¿cuál es su nombre? ¿cuál es su número de cédula?, o de
celular o de lo que estén solicitando.
Hay aún otra posibilidad correcta: usar el
verbo dar que se acomoda a todo, y decir así: ‘Por favor, déme un tinto” y “Por
favor, ¿me da su número de cédula?”
Regalar quiere
decir entregar algo sin recibir nada a
cambio.
Razón tenía la empleada de un lujoso
restaurante cuando después de anotar el pedido con todos los “regáleme” le dijo
al comensal: “¡Ay, señor!, ¡si yo le regalo todo esto pierdo mi trabajo!